Lam Chung, una historia de purificación y superación

En tiempos de Buda Shakyamuni había un monje llamado Lam Chung, famoso por su torpeza y dificultad en aprender. Fue expulsado de la escuela porque sus profesores llegaron a la conclusión de que le era imposible retener nada en la memoria. Más tarde, sus padres lo confiaron a un brahmin para que bajo su tutela aprendiese las escrituras védicas. No obstante, tampoco fue capaz de entender ni de recordar nada de lo que le enseñaba y, de nuevo, fue expulsado.

Los padres de Lam Chung pensaron que la vida monástica podría beneficiarle y le dejaron en manos de su hermano mayor, Arya Lam Chen, quien le ordenó de monje. Lam Chen se responsabilizó de la educación de su hermano menor y comenzó por enseñarle un solo verso de Dharma. Durante tres meses Lam Chung intentó aprenderlo sin éxito. Si conseguía memorizarlo por la mañana, por la tarde ya lo había olvidado; y si se lo aprendía por la noche, a la mañana siguiente no se acordaba de nada. Intentó estudiar al aire libre, pensando que una mente fresca y clara le facilitaría el estudio, pero no consiguió ningún resultado. Cuando estudiaba en las montañas, repitió este verso tantas veces que incluso los pastores que cuidaban de las ovejas llegaron a entenderlo y se lo aprendieron de memoria, mientras que el pobre Lam Chung  no conseguía hacer ni el menor progreso. Los mismos pastores intentaron también enseñárselo, pero Lam Chung fue incapaz de aprenderlo. Ante los pésimos resultados derivados de los esfuerzos de Lam Chung, su hermano Lam Chen se vio forzado a expulsarle del monasterio.

Lam Chung, embargado por una gran pena, comenzó a andar a paso lento por un camino, y mientras le caían las lágrimas, pensó: “Ahora no soy ni monje ni laico. ¡Soy un miserable!”. Con el poder de su clarividencia, Buda se apercibió de todo lo que le había ocurrido a Lam Chung y fue a visitarle. Le preguntó el por qué de sus lamentos y Lam Chung repuso: “Soy tan necio que no puedo memorizar ni un solo verso de las escrituras. Ahora, hasta mi propio hermano me ha abandonado”.
Buda le dijo que no se preocupara. Con el objeto de que purificase las acciones impuras cometidas en el pasado, le enseñó unas pocas palabras de Dharma y le asignó el trabajo de barrendero del templo. Lam Chung estaba muy contento con su nueva ocupación. Barría el templo con mucha dedicación a la vez que recitaba las pocas palabras que Buda le había enseñado.

Barría y barría durante horas y horas, pero por el poder de Buda, mientras barría el lado derecho del templo, más polvo se acumulaba en el lado izquierdo; y cuando barría el lado izquierdo, el polvo aparecía en el derecho. A pesar de ello, siguió barriendo y purificando sus faltas, tal y como Buda le había aconsejado. Así fue pasando el tiempo hasta que un buen día Lam Chung se dió cuenta de que el polvo que iba barriendo carecía de existencia propia e independiente. Esta comprensión fue una gran realización espiritual, y en base a ella, consiguió alcanzar una realización directa de la vacuidad, la naturaleza última de la realidad. Perseverando en la meditación de esta vacuidad, alcanzó en poco tiempo la liberación total del sufrimiento y se convirtió en un glorioso Arjat.

Buda comprobó que las técnicas de purificación que había enseñado a Lam Chung habían producido muy buenos resultados y decidió que mostrara públicamente sus nuevas cualidades. Ordenó a Ananda que anunciara en uno de los conventos de la zona que, a partir de entonces, su nuevo Guía Espiritual iba a ser Lam Chung. Las  monjas que allí vivían replicaron con indignación: “¿Cómo podemos aceptar como  Abad a un monje tan necio que no es capaz ni de recordar un verso de las enseñanzas tras haber estudiado durante meses?” Decidieron entonces dar a conocer ante un gran público los defectos de Lam Chung, con el propósito de no verse obligadas a aceptarle como su Maestro. Divulgaron por todo el pueblo la noticia de que un monje, tan sabio como el mismo Buda, iba a dar enseñanzas, y que todo el que las escuchara alcanzaría grandes realizaciones. Para humillarle aún más, las monjas pusieron un ostentoso trono muy elevado al que le faltaban las escaleras para subir.


Cuando llegó el día de las enseñanzas, Lam Chung acudió al convento en donde se habían congregado más de cien mil personas -unas con la intención de escucharle con atención y otras para disfrutar viéndole hacer el ridículo-. Cuando vio el gran trono sin escaleras, se dio cuenta de que lo habían construido de tal modo para reírse de él. Sin vacilar estiró la mano, que se alargó tanto que llegó a parecer la trompa de un elefante, y con ella fue disminuyendo el trono de tamaño hasta que lo redujo al de una partícula de polvo.A continuación devolvió el trono a su tamaño normal y, ante la sorpresa de todos, levitó y se sentó encima. Meditó por un rato, se elevó hacia el cielo, giró volando alrededor de la congregación y volvió a sentarse en el trono. Entonces dijo: “Escuchad con atención. Durante siete días voy a enseñaros el significado de un determinado verso de Dharma. Éste es el verso que, en el pasado, no pude aprender ni recordar, incluso después de haberlo intentado durante tres meses”.


Al cabo de esos siete días, miles de oyentes alcanzaron la realización directa de la vacuidad, otros lograron los estados de El que ha Entrado en la Corriente, El que Regresa Una Vez, El que Nunca Regresa y el Destructor del Enemigo. Algunos consiguieron generar la preciosa mente de bodhichita, y los que fueron para escrutarle desarrollaron una fe profunda en las Tres Joyas. Tiempo después, el mismo Buda profetizó que, de entre todos sus discípulos, Lam Chung lograría la mayor habilidad para subyugar las mentes de los demás. Hoy en día, aún podemos ver la figura de Lam Chung representado en las tangkas (pinturas tradicionales) budistas como uno de los dieciséis Arjats.

Al igual que hizo Lam Chung, nosotros, cuando limpiemos podemos considerar que el polvo y la suciedad que recogemos son nuestras propias acciones impuras y perturbaciones mentales.
Si tenemos, por ejemplo, un problema emocional producido por un intenso apego, podemos concentrarnos en él e intentar suprimirlo pensando: “Esta suciedad es la mugre de mi apego que ahora elimino de mi mente.”Gueshe Kelsang Gyatso - Camino Gozoso de Buena Fortuna

----------------------------
Para aprender más sobre cómo purificar la mente, no te pierdas este evento tan especial: 
CURSO-RETIRO DE PURIFICIACIÓN, del 9 al 12 de octubre con Kadam Neil Elliot, maestro internacional. http://goo.gl/7nK7nY
Kadam Neil Elliott es el maestro principal del KMC de Londres y del programa internacional de adiestramiento de maestros STTP -Special Teacher Training Programme. (Las enseñanzas serán en inglés con traducción simultánea).

La purificación es la raíz de la felicidad futura. La meditación y recitación de Vajrasatva es el método más poderoso para lograr dicho objetivo. Con las herramientas de purificación que nos proporciona la meditación de Vajrasatva, podemos disfrutar aumentando nuestras buenas cualidades y abandonando nuestras faltas, y hacer que nuestra vida se transforme en un viaje gozoso y liberador. Con el tiempo, descubrirás que incluso puedes abandonar los hábitos perjudiciales más arraigados.
Inscripciones: http://goo.gl/7nK7nY



Comentarios

Entradas populares